Blog de Glidea

Definir las metas del día, para trabajar mejor

Consultor Web
15/06/2014 - 14:34

“La estrategia consiste en saber lo que hay que hacer cuando no hay nada para hacer.”
Garry Kasparov

“Para escribir sólo hacen falta dos cosas: tener algo que decir y decirlo.”
Oscar Wilde

“Me apoderaré del destino agarrándolo por el cuello. No me dominará.”
Ludwig van Beethoven

Uno de los grandes problemas que todos tenemos a la hora de encarar nuestro día de trabajo consiste en que, generalmente, lo encaramos “a la bartola”, sin ningún tipo de metas, planes o prioridades. Simplemente, prendemos la compu “y vemos cómo viene la mano”.

Definida esta actitud ante el día de trabajo, lo más probable es que trabajemos reactivamente a todo lo que los demás nos propongan. Es decir, iremos haciendo lo que los demás nos pidan o nos requieran. Y si nadie nos pide nada, entonces posiblemente “boludearemos” hasta que alguien nos requiera algo.

Lo malo de esta forma de encarar el trabajo es que, por lo general, nos deja con la sensación de no haber hecho mucho, aun cuando estuvimos todo el día “trabajando”. Esta sensación se construye a partir de dos realidades: hemos dedicado mucho tiempo a tareas poco importantes y, al mismo tiempo, no hemos dedicado tiempo a tareas fundamentales (que, muchas veces, son incómodas).

El reverso de lo anterior sería lo siguiente: poder completar las tareas fundamentales (aunque esto nos requiera poco tiempo) y, al mismo tiempo, posponer (o directamente eliminar) las tareas secundarias. Esta estrategia sería un ejemplo del Principio de Paretto o Ley del 80-20.

Para no convertirnos en procrastinadores seriales, posponedores crónicos, derrochadores irredimibles y/o malgastadores de la propia vida imperdonables, sólo hacen falta –siguiendo a Wilde- dos cosas: saber qué hay que hacer y hacerlo.

Saber lo que hay que hacer, es decir, saber cuáles son las tareas fundamentales a realizar, no es tan difícil. En el fondo, todos lo sabemos. Sólo que por comodidad o conveniencia, decidimos ignorarlas, posponerlas, barrerlas bajo la alfombra. La solución sería, por el contrario y siguiendo a Beethoven, tomarlas por el cuello y sentarlas en nuestro escritorio de trabajo, hasta pulverizarlas.

Para ser ordenado, sistemático y eficiente en la pulverización de tareas fundamentales pendientes, lo más recomendable es tenerlas bien en claro al momento de comenzar nuestra jornada laboral.

Aun más, sería ideal definirlas el día anterior, ya que esto nos traería varios beneficios adicionales. Primero, nos liberaría la cabeza el día anterior, permitiéndonos cortar con la jornada de trabajar y disfrutar del resto del día/noche. Segundo, pone nuestro inconsciente a trabajar sobre las mismas durante la noche. Y por último, nos evita perder tiempo y energía durante la mañana del día siguiente, permitiéndonos enfocarnos directamente en la resolución de las mismas.

Al día siguiente, sería central que comencemos a trabajar directamente con las tareas fundamentales, sin perder tiempo y energía en hablar con los compañeros, tomar café, comer medialunas, leer el diario, revisar el email o asistir a reuniones.

Con las tareas fundamentales resueltas el día de trabajo es un éxito e, inclusive, deberíamos tener el derecho de cerrar la jornada laboral hasta el día siguiente, aunque la resolución de las tareas fundamentales pendientes nos haya llevado dos o tres horas. Lamentablemente, las relaciones de trabajo tradicionales no admiten esta posibilidad.

Así que ya sabés: a enfrentar la realidad, definir las tareas fundamentales el día anterior y pulverizarlas al día siguiente con toda nuestra energía. Y si tenés más u otras ideas acerca de este tópico, te invitamos a compartirlas a continuación con un comentario!

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