Blog de Glidea

Movimiento Maker: manos a la obra

Consultor Web
13/12/2013 - 11:15

El movimiento Maker propone hacer. Basta de hablar, basta de teorizar, basta de quejarse, basta de “habría que”, basta de cháchara. Es hora de arremangarse y ponerse a trabajar. Es hora de comenzar a cambiar las cosas. El mundo tiene muchos problemas, necesita nuestra acción y la necesita ahora.

El movimiento Maker reconoce dos antecedentes históricos: durante los años ‘50 en EEUU (en el MIT) un grupo auto-organizado para diseño y modelaje de trenes (TMRC) que se autodenominaba “hackers” y, durante los años ’80, sus continuadores filosóficos del área de las computadora y el software, cuya producción conceptual más famosa es el manifiesto titulado “la ética del hacker”, que perdura hasta nuestros días.

Las ideas de hacer, compartir y libertad, combinadas de una manera realmente poderosa, dieron origen a verdaderas revoluciones como la del software libre, cuyo alcance sigue en pleno desarrollo hasta el día de hoy.

El movimiento Maker tuvo (y quizás tiene) su núcleo de desarrollo en torno a experimentación tecnológica, buscando, jugando, investigando y aprendiendo sobre nuevas ideas, combinaciones y aplicaciones para todo lo conocido hasta el momento.

Es difícil darse cuenta que uno puede (o muchos) pueden cambiar el estado de la tecnología, innovar en ese campo e, inclusive, muchas veces, ir más allá de lo que grandes organizaciones han logrado hasta el momento y, al mismo, tiempo no preguntar: ¿Por qué no cambiar también el resto de las cosas que andan mal en el mundo? Es por eso que, hoy en día, las áreas de influencia del movimiento Maker se han extendido a todo ámbito adonde sea posible cambiar la realidad para mejor. Es decir, a todo.

Hasta el momento, las zonas geográficas donde el movimiento Maker tiene mayor desarrollo son Estados Unidos y Europa, pero muchos otros (como la mujer africana del excelente video que comparto a continuación) están promoviendo la misma actitud en lugares donde necesitamos mucho más este tipo de movimientos, como África y América Latina.

Llevar la filosofía del movimiento Maker desde el campo de la experimentación tecnológica (generalmente motivada por la simple curiosidad y el noble deseo de aprender) al campo del cambio social (motivado por el deseo de hacer del mundo algo mejor) nos convierte en activistas o, para los que tienen prejuicios con esa palabra, personas de acción.

Se trata de dejar de esperar a que las cosas pasen o a que alguien las resuelva. No podemos continuar cometiendo el error de esperar a que los responsables teóricos de traer las soluciones (muchas veces, los políticos electos) hagan lo que deberían. Eso ya ha probado ser una estrategia equivocada, especialmente en países como Argentina. Además de esperar a que lo hagan, debemos controlarlos y exigirles que lo hagan. Y como es posible que tampoco sea suficiente, ponernos a hacerlo nosotros mientras tanto.

El movimiento Maker puede ponerse en práctica de muchas maneras, grandes o pequeñas. En nuestra empresa, poniéndonos a cambiar lo que no nos gusta en ella. En nuestro barrio, en nuestro equipo de fútbol, en nuestra universidad, lo mismo.

Si te interesa el tema, te recomiendo que también leas este artículo (mejor que el mío) y, sobretodo, que te sumes a la propuesta final del mismo: “para cambiar el mundo hay que hacer cosas, y hay que hacerlas ahora”.

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